Vale la vida un festejo ???
La muerte de Joshami Iraís, una joven de apenas 19 años, durante los festejos en el Ángel de la Independencia tras el triunfo de México sobre Ecuador, obliga a una pregunta dura, incómoda, pero necesaria: ¿qué tan lógico es que una vida joven se apague en medio de una celebración deportiva?
México ama el futbol, lo vive con pasión, identidad y esperanza, pero cuando el festejo deja de ser alegría y se convierte en desbordamiento social, algo profundo debe revisarse
No se trata de culpar al deporte, ni de cancelar la emoción colectiva, se trata de entender por qué un triunfo deportivo provoca concentraciones humanas sin control, empujones, alcohol, euforia, ausencia de límites y, finalmente, tragedia
Lo ocurrido en Reforma no fue solamente un accidente, fue el síntoma de un país que muchas veces encuentra en el futbol una válvula de escape frente al cansancio, la frustración, la violencia, la precariedad y la falta de horizontes
Por unas horas, la camiseta nacional parece unir lo que la realidad divide, pero esa misma energía, sin conducción institucional ni responsabilidad ciudadana, puede volverse peligrosa
El próximo domingo México enfrenta a Inglaterra: si gana, el festejo puede ser aún más grande, si pierde, también puede haber enojo, frustración y desorden
En ambos escenarios, la autoridad no puede improvisar, debe anticipar cierres, rutas de evacuación, control de multitudes, atención médica, filtros de alcohol y presencia suficiente de seguridad
Pero también la sociedad debe madurar pues ningún gol, ningún pase a cuartos, ninguna victoria histórica vale una vida humana
La alegría nacional no puede construirse sobre familias destruidas
Por Querétaro Todo sostiene que el futbol debe unir, no desbordar; emocionar, no poner en riesgo; celebrar la vida, no despedirla prematuramente
Gustavo Buenrostro
Pdte de Por Querétaro Todo, AC
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