Morena mantendrá continuidad con Alfonso o Ana Lilia
En reciente encuesta del Heraldo de Puebla se informa que Morena sigue arriba en Tlaxcala.
Eso no es noticia.
Lo que sí lo es —y lo que incomoda en el senado y en más de una oficina local— es quién está creciendo dentro de esa ventaja y quién se está desinflando en el camino hacia 2027.
La encuesta estatal de enero del Heraldo no deja lugar a dudas, morena gobierna el juego del poder en Tlaxcala con 51.2% de intención de voto para gobernador sin importar candidato.
La oposición luce fragmentada, el PRI carga con el mayor rechazo ciudadano (34.9% nunca votaría por él) y casi una quinta parte del electorado aún navega sin preferencia clara.
Si bien este escenario debería tranquilizar a Morena, la realidad es que no lo hace.
Porque la guerra real no es contra el PAN ni contra el PRI, la guerra es interna, entre los traidores de la causa Lorenista y Morenista, porque ahí están Homero Meneses en la USET y la propia ex vocera de la gobernadora, Angélica Domínguez y algunos otros que no quieren aceptar que ellos ni sus grupos no tienen la menor posibilidad.
Pero eso sí, insisten en quererse quedar dentro del gobierno con quien continúe negociando supuestas estructuras que sólo existen en su imaginario, porque los morenistas serán muchas cosas, pero no son tontos, obedecen provisionalmente mientras algunos sacos de torpeza tengan poder, pero en cuanto lo pierdan, ya veremos que no los siguen, pero ellos, en sus burbujitas de poder que se desgastan día con día, creen que permanecerán otro sexenio así tengan que traicionar a la gobernadora.
En la encuesta de El Heraldo, emerge con fuerza un nombre, Alfonso Sánchez García, los números son fríos.
Tiene 59.3% de conocimiento público, el más alto entre los aspirantes morenistas, y 21.7% de potencial de voto.
En la ponderación interna del partido —ese termómetro que mezcla confianza, cercanía, credibilidad y viabilidad— obtiene 10 puntos, el máximo posible.
Del otro lado, Ana Lilia Rivera se queda en cero, ese contraste no es menor, es político, simbólico y estratégico.
Sánchez no sólo es más conocido, es mejor evaluado, mejor percibido y mejor posicionado para competir.
Rivera, en cambio, muestra señales de desgaste.
Y aquí entra su encontronazo con medios de comunicación locales y nacionales que le pasaron factura entre la sociedad.
Cuando la senadora llamó “imbéciles” a periodistas que cuestionaron su trabajo legislativo —y cuando reaccionó con desdén ante la pregunta incómoda “¿qué ha hecho por Tlaxcala?”— no sólo irritó a la prensa: proyectó una imagen de desconexión, soberbia y distancia con la crítica pública.
En política, eso se paga, y parece que ya se está pagando.
La encuesta muestra que, aunque Rivera mantiene reconocimiento (55.5%), su potencial de voto cae a 19%, y su carga negativa es más pesada que la de Sánchez; no es casualidad, la percepción pública se construye tanto con acciones como con actitudes.
Mientras Sánchez aparece cercano, con discurso moderado y sin pleitos abiertos, Rivera arrastra un episodio que aún resuena en redacciones, cabinas de radio y conversaciones políticas, ahora ya nadie es imbécil, ya se les llama “necios” en tono de burla.
En Tlaxcala —donde el pueblo es chico y y el infierno es grande— ese choque no se diluyó: se sedimentó.
Y se sedimentó en la conciencia social porque no hubo estrategia de contención, no hubo control de crisis, hubo intentos tímidos de opacar la fuerza de su desliz con una encuesta, como si eso fuera suficiente.
El publicista apizaquense Guillermo Quintana no fue capaz de sacar del lodazal a la senadora, demostró una vez más que es más eficiente copiando diseños y campañas que dirigiéndolas.
Y es que las campañas políticas modernas tienen ya rasgos de guerra híbrida en la que la desinformación, las fake news y la contra propaganda hacen de las suyas hasta que la sociedad se da cuenta del engaño.
Aun así, Morena no ha resuelto la pregunta central rumbo a 2027, cuando la gente se pregunta quién debería ser candidato de Morena, 39.1% responde “no sabe” y 11.4% no contesta. Entre quienes sí eligen, Sánchez lleva ligera ventaja (22.4% contra 21.3% de Rivera).
Es una brecha estrecha, pero con tendencia clara, él sube, ella se estanca.
Y el meollo del asunto queda en una interrogante válida, ¿Se decidirá Morena por un hombre con mejores números, mayor conocimiento y mejor evaluación pública?
Pero que da pie a otra ¿Impondrá una candidatura femenina por cálculo simbólico y narrativa de género, aun cuando las métricas no la favorezcan?
La propia ciudadanía no exige cuota, 43.8% dice que le es “igual” si gobierna un hombre o una mujer.
Lo que sí pide es perfil, adulto (58.4%) y con preparación académica (57.4%).
Mensaje claro, quieren capacidad, no discursos identitarios vacíos.
Morena camina, pues, con ventaja electoral… pero con una decisión que puede dividir, fracturar o consolidar.
Si el partido escucha la calle y los números, el nombre que hoy crece tiene lógica política.
Si privilegia acuerdos cupulares o lecturas de género por encima de la percepción ciudadana, el costo podría aparecer en las urnas.
Lo digo Sin Reservas, Tlaxcala no espera un candidato o una candidata por decreto, espera liderazgo, cercanía y seriedad.
Alfonso Sánchez va en ascenso, Ana Lilia Rivera carga con un desgaste que no termina de disiparse.
Y Morena sigue sin decirnos si en 2027 pondrá a una mujer o a un hombre en la boleta.
Esa indecisión —más que cualquier encuesta— será la verdadera prueba de fuego.
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