Los candidateables sin una buena narrativa y el artículo de RankerMx

Los candidateables sin una buena narrativa y el artículo de RankerMx

En la antesala de 2027, lo que ocurre al interior de Morena en Tlaxcala ya no puede verse como simple competencia interna, sino como una guerra híbrida en fase temprana que tiende a ser encarnizada, donde la disputa no se limita al territorio, sino que se libra —cada vez con mayor intensidad— en el ecosistema digital, en los mensajes cruzados y en las operaciones políticas que buscan moldear percepciones antes de que exista siquiera una candidatura formal.

En ese terreno donde cada vez es más natural la antropofagia morenista, los datos y las tendencias comienzan a acomodar a los actores en posiciones incómodas.

El caso de Alfonso Sánchez García es el más evidente, no sólo por su nivel de posicionamiento, sino porque su condición de varón mejor colocado lo convierte en el blanco natural de ataques masivos en redes sociales, particularmente en Facebook, donde la repetición de narrativas negativas, muchas veces amplificadas de forma artificial, no apunta a un debate de fondo, sino a erosionar su viabilidad en el escenario donde Morena eventualmente defina la candidatura bajo criterio de género.

No es un fenómeno espontáneo, sino una lógica conocida, porque cuando un perfil se despega, se activa la contención, y en política digital esa contención rara vez es orgánica sino responde a ataques masivos con bots y el uso de mercenarios de la comunicación y el periodismo casi siempre.

En paralelo, Ana Lilia Rivera ha transitado un camino que, lejos de consolidar su posición, ha ido acumulando costos innecesarios.

Sus desencuentros con periodistas, sus declaraciones que escalaron hasta un episodio diplomático con Taiwán y episodios que rozan lo anecdótico —como su intento por capitalizar afinidades culturales que terminaron siendo motivo de burla— han debilitado una narrativa que, en otro momento, parecía más sólida.

Parece que el despacho de marketing digital patrocinado por la “chucky” no le ha servido de nada, sino al contrario, ha sido en su perjuicio. Basta recordar que la tipografía que hoy usa la morenista es la que usó la panista Josefina Vázquez Mota en su campaña presidencial y la que usó la propia Minerva Hernández Ramos, abanderando también al PAN.

O sea, el refrito de imagen gráfica y la ausencia creativa es la de su despacho, ya no hablemos de una narrativa desgastada que sólo conecta con extremistas que violentan las publicaciones de otros aspirantes en redes sociales para polarizar los comentarios.

A ello se suma una operación política que ha comenzado a generar ruido interno, particularmente por la incorporación de perfiles provenientes del PAN, como (ya lo decía) Minerva Hernández Ramos, Katy Valenzuela y Enrique Tamayo, movimientos que, más que sumar, tensionan la identidad de un proyecto que presume pureza ideológica.

Y es que una cosa es que simpaticen, pero ya tenerlos en primera fila durante un acto partidista ya raya en la traición si es que se habla de ideología cuatroteísta.

Óscar Flores Jiménez, por su parte, se mueve en una zona ambigua que empieza a jugar en su contra.

Su bajo perfil, que podría interpretarse como prudencia técnica, comienza a leerse como ausencia política, más aún cuando su nombre aparece vinculado a cuestionamientos sobre el manejo financiero en el Estado de México, donde, pese al discurso oficial de contención, la deuda pública ha seguido creciendo de manera significativa, superando ya los 60 mil millones de pesos y generando un costo anual que ronda los 16 mil millones entre intereses y amortizaciones.

La falta de claridad sobre el destino de esos recursos, en un contexto donde la obra pública es prácticamente imperceptible, no sólo abre preguntas técnicas, sino que alimenta una narrativa que lo coloca como un aspirante distante, más cercano a las inercias burocráticas que a la dinámica política local.

Con lo anterior se desdibuja la narrativa del hombre de resultados y excelente administrador.

En ese mismo tablero, Dulce María Silva ha optado por una ruta distinta, basada en el despliegue masivo de recursos.

La distribución abusiva de artículos deportivos so pretexto del mundial (Balones, uniformes para equipos enteros) bardas, sombrillas, playeras; el financiamiento de estructuras territoriales, redes sociales y medios configuran una estrategia que apuesta por la saturación como mecanismo de posicionamiento.

Sin embargo, ese modelo, efectivo en el corto plazo, carga con el riesgo de ser percibido como una lógica de compra anticipada de simpatías, más aún en un escenario donde su relación política con Óscar Flores parece tensarse, abriendo la posibilidad de un reacomodo que podría redefinir alianzas internas.

Dulce Silva se quedó en esa dinámica que le funcionó hace 5 años pero que hoy solamente le alcanza como detonante pero no para una preferencia electoral y mucho menos para una intención de voto.

En contraste, Carlos Augusto Pérez Hernández se mantiene en una narrativa distinta, más austera y territorial, recorriendo comunidades con una estrategia que prescinde de grandes despliegues económicos y apuesta por el contacto directo.

Su crecimiento, aunque menos visible en términos de volumen, plantea una incógnita relevante sobre la capacidad de construir posicionamiento desde abajo, en un entorno dominado por la exposición digital y la inversión mediática.

Aunque también hay que reconocer que es bueno en tierra, porque ganó su presidencia municipal, su distrito local y posteriormente el federal, es un hombre que sabe hacer acuerdos y que políticamente hablando es un caballero.

Lo que se observa, en conjunto, no es una contienda ordenada, sino un proceso de desgaste anticipado donde cada actor intenta avanzar debilitando al otro con violencia argumentativa y ruido en la red, utilizando tanto herramientas tradicionales como mecanismos digitales que amplifican ataques, distorsionan percepciones y colocan temas en la agenda sin necesidad de asumirlos públicamente.

Sea dicho de paso Sin Reservas, los candidateables no tienen hoy una buena narrativa y sólo les queda el uso del desprestigio y el ataque por la espalda.

La pregunta de fondo no es quién va arriba hoy, sino quién llegará menos erosionado cuando el partido tenga que tomar una decisión, porque si algo deja claro esta etapa es que, más allá de las cifras y las narrativas, la verdadera disputa no está en crecer, sino en resistir.

EL ARTÍCULO DE RANKER MX.

Con el título “En APEX, el crecimiento en redes sociales no es cosa del azar, es planeación estratégica de campaña”, los datos publicados por RankerMx en Facebook aciertan en un punto que la política local ha preferido ignorar durante años.

El crecimiento digital no se puede simular sin consecuencias, porque los números inflados con bots terminan por exhibirse solos, tarde o temprano, como una ficción incapaz de sostenerse en el tiempo.

Durante demasiado tiempo, distintos equipos han apostado por engordar métricas como si eso construyera posicionamiento, comprando seguidores o forzando interacciones que en apariencia elevan el volumen, pero que en realidad distorsionan cualquier lectura seria del ecosistema.

El problema no es sólo ético, es estratégico, porque esas audiencias artificiales no interactúan, no amplifican y, sobre todo, no convierten, lo que rompe por completo la lógica de crecimiento real en plataformas.

Bajo esa premisa, la fotografía que presenta RankerMx no es un ranking decorativo, sino una línea base verificable desde la cual se puede medir la viabilidad de cualquier proyecto político en el entorno digital, los casos de Alfonso Sánchez García, Ana Lilia Rivera, Óscar Flores, Dulce María Silva y Carlos Augusto no destacan por quién tiene más seguidores, sino por lo que esos números permiten inferir cuando se observan como parte de un sistema dinámico y no como cifras aisladas.

El planteamiento central es más incómodo de lo que parece, porque obliga a desmontar la idea de que crecer en redes es una suma progresiva de seguidores; en realidad, como bien advierte el modelo, se trata de un comportamiento compuesto donde cada interacción alimenta la siguiente, lo que implica que la calidad del contenido, la frecuencia de publicación y la capacidad de alcanzar nuevas audiencias determinan trayectorias completamente distintas incluso entre perfiles con bases similares.

En ese sentido, la insistencia en metas ambiciosas no responde a un ejercicio de optimismo, sino a una condición mínima de competitividad; cuando se habla de tasas cercanas al siete por ciento mensual, lo que se está señalando no es una aspiración ideal, sino la brecha real entre lo que hoy hacen la mayoría de los equipos y lo que tendrían que estar haciendo para sostener crecimiento orgánico, algo que los bots, por definición, no pueden resolver.

El caso de TikTok refuerza esta lectura, porque su lógica algorítmica no sólo permite expansiones aceleradas, sino que también elimina con rapidez cualquier intento de simulación.

Una cuenta puede inflarse artificialmente, pero si no genera interacción auténtica, el alcance se desploma y el crecimiento se detiene, evidenciando que la estrategia no está en la compra de números, sino en la construcción de narrativa y formatos que conecten.

A partir de ahí, el análisis se desplaza hacia un punto clave que suele malinterpretarse: La relación entre presencia digital y posicionamiento político no es directa.

Acumular seguidores, incluso de manera orgánica, no garantiza intención de voto, porque conforme crece la audiencia, el impacto marginal de cada nuevo seguidor disminuye, lo que obliga a enfocar la estrategia en la calidad de la interacción y no únicamente en el volumen.

Esto explica por qué actores con cifras similares pueden tener desempeños políticos distintos, y también por qué perfiles con bases aparentemente modestas logran niveles de competitividad relevantes cuando su contenido genera conversación y su mensaje encuentra eco.

En contraste, quienes han apostado por inflar sus métricas descubren que, al momento de medir impacto real, sus números no resisten el análisis.

En ese contexto, el valor del ejercicio presentado por RankerMx no está en ofrecer una lectura optimista o pesimista, sino en establecer un criterio verificable que elimina la comodidad de la simulación.

Los datos no se acomodan, no se suavizan y no responden a narrativas, simplemente exponen la distancia entre lo que se es y lo que se pretende ser.

Y esa distancia, en política, suele ser mucho más grande de lo que se quiere admitir.

En el siguiente enlace el artículo completo: https://www.facebook.com/share/p/1Aoqeejvb2/

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Alejandro Aguilar Gómez, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano, es periodista y empresario de medios con más de tres décadas de trayectoria. Fundador y CEO de Grupo Monitor, dueña de los portales de noticias Monitor Xpress y MX en la Noticia. Ha sido jefe de información en prensa escrita, director de noticiarios radiofónicos. Es Presidente Fundador del Colegio de Periodistas y Comunicadores de Tlaxcala A.C. y ha recibido 2 Doctorados Honoris Causa por su contribución al periodismo en México (UDS Global University campus Nuevo León y Colegio de Periodistas de Tamaulipas). Reconocido especialista en comunicación estratégica, marketing político y gestión de crisis, combina la praxis periodística con la consultoría política y la innovación en tecnologías de opinión pública. Certificado como Director de Comunicaciones StratCom 2026 campus Miami, Flo.

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