Las golondrinas a Homero

Las golondrinas a Homero

Hubo muchos visos y avisos de su mal desempeño, de su prepotencia y de su lengua bífida, incluso hubo al menos 4 “borregazos” en medios que anunciaban con especial deleite su salida de la secretaría de educación pública, pero por fin, ya se fue Homero Meneses Hernándes de la SEPE-USET.

Quisiera decir que por fin es un respiro para el magisterio tlaxcalteca que padecía los arranques de superioridad de un sujeto del que habría que decir que un doctorado no quita lo pendejo ni lo abusivo.

Pero hay decisiones que ningún gobierno desea tomar porque representan, al mismo tiempo, una admisión silenciosa de un fallo profundo en política y un intento por recuperar el control de la narrativa pública, como es el caso de lo que sucedió en el sector educativo tlaxcalteca.

Eso sin menospreciar que aún falta el tema de las auditorías y la evaluación del daño patrimonial del que no se habla en medios pero si en los pasillos de la propia secretaría.

La salida de Homero Meneses Hernández de la SEP estatal puede leerse únicamente como un relevo administrativo ni como un simple cambio dentro del gabinete, tampoco basta la explicación protocolaria de los ciclos cumplidos o de los proyectos personales, quien crea eso no sabe que en política las coincidencias rara vez existen y los tiempos suelen decir mucho más que los comunicados oficiales.

Como en la conferencia que ofreció la gobernadora en la clausura del ciclo escolar que nunca reconoció a Homero ni tampoco lo volteó a ver en ningún momento, mientras el otro tuvo que sonreír forzadamente con la cara de quien sabe que metió las cuatro y hasta el fondo porque ya todos sabemos que está operando para un equipo que no es el de la gobernadora.

Durante prácticamente toda la administración de Lorena Cuéllar, Homero Meneses fue uno de los hombres más cercanos al primer círculo del poder, un funcionario con influencia política, margen de maniobra y una presencia pública que pocas veces pasó inadvertida, más para mal que para bien de la propia gobernadora.

Su permanencia lo convirtió en uno de los rostros más visibles del gobierno y, en consecuencia, en uno de los personajes que mayor desgaste terminó acumulando, pero no por su desempeño o por el liderazgo que debió distinguirlo, sino por el cacicazgo ejercido desde su posición hasta los intentos de adoctrinar a los profesores tlaxcaltecas desde su infame y sectario punto de vista.

No fue un desgaste provocado por un solo episodio, tampoco por una decisión aislada (tanto fue el cántaro al pozo…), fue la suma de múltiples frentes abiertos que, poco a poco, fueron erosionando una gestión que desde el inicio estuvo marcada por la confrontación, por la polarización y por una constante exposición mediática a tanta pifia.

La Secretaría de Educación es probablemente una de las áreas más sensibles de cualquier administración pública pero también la de mayor presupuesto y participación federal, no solamente por el tamaño de su estructura burocrática, sino porque diariamente convive con sindicatos, maestros, padres de familia, estudiantes y miles de trabajadores que hacen de cualquier conflicto un asunto de enorme repercusión política.

Conducir esa dependencia exige diálogo permanente, capacidad de negociación y una enorme sensibilidad política, virtudes que muchas veces quedaron ausentes por el estilo de conducción que privilegiaba la confrontación sobre el consenso y la imposición sobre la conciliación de Meneses Hernández.

A lo largo de estos 5 años los conflictos sindicales dejaron de ser hechos aislados para convertirse en una constante, las protestas, las inconformidades, los desencuentros con distintos sectores del magisterio y las críticas provenientes tanto de actores políticos como de organizaciones educativas terminaron construyendo una percepción pública de conflicto permanente ante el repudio de la comunidad educativa.

Una percepción que poco a poco comenzó a trasladarse del funcionario hacia el propio gobierno y sobre todo, que la gobernadora Lorena Cuellar entendiera que no era un asunto de chismes, sino causales de desgaste que le pasaron a ella todas esas facturas impagables.

Quizá el mayor problema de Homero Meneses, fue que cada nueva controversia encontraba terreno fértil ante su intransigencia y su soberbia, porque llegaba otra sobre otra anterior, ninguna alcanzaba a cerrarse cuando ya existía una nueva discusión ocupando titulares, alimentando conversaciones y fortaleciendo la idea de que la estabilidad institucional en el sector educativo era cada vez más frágil.

El episodio relacionado con Coracyt y la designación de la indeseable en el gabinete Angélica Domínguez terminó por convertirse en el punto de mayor presión política, no necesariamente porque fuera el único problema, sino porque reunió todos los ingredientes que dañan la imagen de cualquier administración, cuestionamientos públicos, críticas de la oposición, cobertura mediática constante y una conversación social que colocó nuevamente bajo los reflectores a uno de los funcionarios más visibles del gabinete.

Cuando un caso obliga a la titular del Poder Ejecutivo a salir a explicar, defender o contener el impacto político, deja de ser un asunto administrativo para convertirse en un problema de político y de gobierno.

Súmele a usted un trabajo inexistente en la contención de crisis por parte de la Coordinación de Comunicación Social del gobierno, a cargo del señorito ese que le pagan por divertirse de las refriegas que le dan los medios opositores y dolidos a la gobernadora que responde al nombre Antonio Martínez Velázquez.

Las administraciones públicas pueden soportar errores administrativos, pueden incluso sobrevivir a decisiones impopulares, lo que difícilmente resisten es la acumulación de conflictos alrededor de una misma figura, porque entonces el funcionario deja de representar únicamente a su dependencia y comienza a proyectar una imagen del propio gobierno.

Lorena Cuéllar entendió que el momento político de su administración ya no permitía seguir administrando costos innecesarios, y el talón de Aquiles de toda su administración siempre ha sido el área de comunicación, cuando no ha designado a personajes soberbios como Angélica Domínguez, ha designado a tenebrosos amarra navajas como el tal Augusto Ramírez, o un pasivo Octavio no sé que, pero quizá la gota que derramó el vaso, es el cínico vilipendioso “Marvel”, diminutivo de sus apellidos Martínez Velázquez.

El año 2027 dejó de ser una fecha lejana desde hace varios meses.

Morena como partido y como gobierno enfrenta el enorme desafío de conservar el gobierno estatal, bajo esa lógica cualquier funcionario que represente un pasivo político inevitablemente entra en la zona de riesgo y debería ser eliminado de la nómina de inmediato, pero a mí no me hagan caso, todo cae por su propio peso.

No importa la cercanía con la gobernadora, no importa la antigüedad dentro del gabinete, tampoco los afectos personales, la política suele ser implacable cuando se trata de preservar un proyecto de mayor dimensión.

La salida de Homero Meneses envía además un mensaje interno que seguramente nadie dejó de entender, a menos que sean estúpidos y no entren en razón y crean que el trabajo institucional sea sólo por diversión.

El mensaje parece evidente, nadie resulta indispensable cuando el costo político comienza a poner en riesgo al conjunto.

Eso no significa desconocer que durante la gestión de Homero existieron algunos pocos avances administrativos o proyectos educativos importantes (de los cuales no supe ninguno, pero probablemente haya al menos uno) tampoco implica afirmar que todas las críticas hayan sido necesariamente fundadas —aunque el sujeto en boga no sea de mi agrado— o que todas las acusaciones hayan encontrado respaldo jurídico.

Sería irresponsable sostenerlo.

Peroooo… mantener a Homero Meneses habría significado seguir alimentando una narrativa de desgaste que se ha extendido más allá del sector educativo y que forma una alienación con Angélica Domínguez en contra de la propia administración lorenista, dado que Homero no fue respaldado en sus (ilusas) aspiraciones a la candidatura del gobierno del estado y desató al traidor que lleva dentro.

Tal vez la coyuntura más fuerte, sería la comprobación de que está sirviendo a un proyecto político también de Morena que viene saboteando en redes sociales cualquier trabajo que el Ejecutivo coloca sobre la mesa y esas traiciones, difícilmente se perdonan.

José Alonso Trujillo Domínguez recibe una dependencia compleja, con una estructura enorme de amigos e incondicionales de su predecesor, necesita llegar a limpiar la casa, desinfectarla y hasta fumigarla, porque los sindicatos están atentos a cada decisión y con una opinión pública que seguirá observando si el relevo significó únicamente cambiar de titular o modificar la forma de hacer política educativa.

Porque ese será el verdadero parámetro de evaluación.

Si desaparecen los conflictos, si disminuye la confrontación, si vuelve el diálogo institucional y si la educación deja de ocupar los espacios informativos por razones ajenas a las aulas, entonces quedará claro que el problema nunca fue exclusivamente administrativo.

Por ahora, la salida de Homero Meneses deja una enseñanza que ningún gobierno debería ignorar.

El tiempo puede convertir a los funcionarios más valiosos en sus mayores pasivos políticos cuando las decisiones dejan de medirse por sus resultados y comienzan a evaluarse por el desgaste que producen.

En política la lealtad tiene un enorme valor, pero la oportunidad vale todavía más.

Los gobiernos que entienden cuándo corregir el rumbo suelen llegar con mayor fortaleza a la recta final de sus administraciones.

Los que insisten en sostener lo insostenible, generalmente descubren demasiado tarde que el costo de no cambiar siempre termina siendo mucho más alto que el costo de hacerlo.

Y aunque se le llame año de Hidalgo o de cualquier otra manera, la sociedad tiene memoria y el elector tlaxcalteca no perdona.

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Alejandro Aguilar Gómez, licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad del Altiplano, es periodista y empresario de medios con más de tres décadas de trayectoria. Fundador y CEO de Grupo Monitor, dueña de los portales de noticias Monitor Xpress y MX en la Noticia. Ha sido jefe de información en prensa escrita, director de noticiarios radiofónicos. Es Presidente Fundador del Colegio de Periodistas y Comunicadores de Tlaxcala A.C. y ha recibido 2 Doctorados Honoris Causa por su contribución al periodismo en México (UDS Global University campus Nuevo León y Colegio de Periodistas de Tamaulipas). Reconocido especialista en comunicación estratégica, marketing político y gestión de crisis, combina la praxis periodística con la consultoría política y la innovación en tecnologías de opinión pública. Certificado como Director de Comunicaciones StratCom 2026 campus Miami, Flo.

 

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