La encuesta no basta para construir confianza

La encuesta no basta para construir confianza

Por Gustavo Buenrostro 

Los partidos políticos tienen derecho a establecer procedimientos para seleccionar a quienes habrán de representarlos. Morena ha convertido las encuestas en uno de sus principales mecanismos de definición; el PAN también está utilizando mediciones para conocer la competitividad de sus aspirantes rumbo a 2027.

El problema no es la encuesta. El problema es pretender que su sola existencia resulte suficiente para generar confianza social.

Querétaro ofrece un ejemplo interesante.

En septiembre, CE Research publicó una medición sobre perfiles panistas en la que Felipe Fernando Macías registró 45%, Luis Nava 23%, Agustín Dorantes 22% y Josué Guerrero 10%.

Días después, GobernArte presentó una fotografía completamente diferente: Luis Nava apareció con 37.2%, Felipe Macías con 21.9%, Agustín Dorantes con 18.9% y Josué Guerrero con 6.6%.

Una coloca a Macías 22 puntos arriba de Nava. La otra coloca a Nava 15.3 puntos arriba de Macías.

Entre ambas fotografías existe un desplazamiento de 37.3 puntos en la diferencia relativa entre los dos primeros lugares.

Esto no demuestra que alguna encuesta sea falsa. Fueron levantadas con metodologías diferentes y no sería técnicamente correcto tratarlas como experimentos idénticos. Pero precisamente ahí comienza el problema de confianza.

¿Qué debe pensar el ciudadano cuando dos instrumentos llamados “encuestas”, realizados prácticamente en el mismo periodo, pueden producir percepciones tan contrastantes?

Y, sobre todo, ¿qué ocurrirá cuando un partido anuncie que su propia encuesta determinó quién deberá encabezar su proyecto?

Morena enfrenta una pregunta semejante. La medición divulgada recientemente colocó a Santiago Nieto con 17.1% y a Gilberto Herrera con 13.4% en preferencia, una diferencia de apenas 3.7 puntos. El resultado partidista sirve para explicar su definición interna, pero la confianza pública exige conocer suficientemente metodología, preguntas, criterios de evaluación y resultados.

Porque una encuesta puede ayudar a tomar una decisión, pero no necesariamente legitimarla ante todos.

Ése debería ser el desafío democrático rumbo a 2027.

Los partidos necesitan decidir y sus dirigencias tienen atribuciones para hacerlo. Pero si quieren que la sociedad confíe en esas decisiones, deberían ofrecer algo más que una gráfica y el nombre del ganador: reglas previas, metodología transparente, resultados completos y explicación verificable de cómo esos números se transformaron en una definición política.

La confianza no puede decretarse desde una dirigencia.

Y mucho menos puede pedirse simplemente diciendo:

“Ganó la encuesta”

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